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Los verdaderos valores de la dieta mediterránea

La dieta mediterránea es la dieta que actualmente se considera recomendada desde el punto de vista de la salud o desde una perspectiva de promoción de la salud.

En cuanto a enfermedades, es bien conocida la asociación entre el metabolismo del colesterol y la arteriosclerosis o la trombogénesis. Estudios realizados en este sentido han demostrado que hay una relación directa y causal entre la hipercolesterolemia y el riesgo de sufrir arteriosclerosis. La mayor parte del colesterol es transportado por lipoproteínas LDL. El exceso de colesterol en sangre unido a las LDL (tanto si es por alteración como si es debido a un aumento de la síntesis) comporta una acumulación de colesterol a la pared de las arterias que puede llegar a la formación de una placa de ateroma. Por otro lado, la modificación oxidativa de las lipoproteínas es uno de los mecanismos principales implicados en la patogénesis de la arteriosclerosis.

Tenido en cuenta esto, se dice que la dieta mediterránea resulta beneficiosa para prevenir la arteriosclerosis, debido a que esta dieta está basada en tres tipos de alimentos principales: verduras y fruta, aceite y pescado. La bondad de estos alimentos, aparte de las aportaciones de los nutrientes que contienen las frutas y las verduras, radica en el hecho que son antioxidantes a causa de su contenido en vitaminas A, C y E, además de fibra (a causa de la celulosa y las pectinas). Estas vitaminas antioxidantes actúan inhibiendo la modificación oxidativa de las LDL y la fibra, bajando la absorción y los niveles de colesterol en sangre. El aceite de oliva aporta grasas monoinsaturadas como el ácido oleico; y el pescado, grasas poliinsaturadas con los ácidos grasos omega 3. El consumo de aceite de oliva permite que nuestro organismo rebaje las concentraciones de colesterol en sangre, a través del efecto beneficioso que tienen las grasas monoinsaturadas sobre el metabolismo de las lipoproteínas. En cuanto al pescado, el efecto positivo de los ácidos grasos omega 3 es debido a su capacidad y acción competitiva con el ácido araquidónico, precursor de hormonas vasoconstrictoras que actúan favoreciendo la formación de trombos. También alimentos como los aceites de soja, maíz y girasol tienen un efecto beneficioso sobre el desarrollo de la arteriosclerosis gracias a los ácidos grasos poliinsaturados omega 6, ya que actúan bajando los niveles de colesterol en sangre ligados al LDL (transportando el colesterol hacia el hígado, eliminándose este a través de la bilis), aunque su consumo implica también una bajada del colesterol transportado por las HDL.

Sobre el pescado, su efecto beneficioso no deriva únicamente sobre las lipoproteínas, sino que su principal efecto se realiza sobre la coagulación sanguínea, impidiendo la formación de trombos, y por tanto, inhibiendo un importante proceso implicado en el desarrollo y el desencadenamiento de las enfermedades cardiovasculares.

Como he comentado antes, otro de los puntos importantes de la dieta mediterránea es la inclusión de una gran cantidad de frutas y verduras que aportan una cantidad importante de vitaminas: A, C y E, siendo estas antioxidantes (estas moléculas forman parte de determinados sistemas enzimáticos de defensa capaces de inhibir los radicales libres). La función de estos es la eliminación de los radicales libres de oxígeno, elementos tóxicos implicados en el desarrollo de muchas patologías, entre otras, las cardiovasculares. Por tanto, su consumo impedirá la oxidación de las LDL.

En resumen, la denominada dieta mediterránea, a causa de su simplicidad en el proceso de la transformación del producto, la utilización de productos frescos, pocas grasas animales, cereales, legumbres y pescado, es considerada una de las dietas más sanas y equilibrada para el hombre.

El vino, tan típico también de la región mediterránea, tiene efectos saludables, ya que aporta etanol en una cantidad moderada y numerosos polifenoles. Se ha demostrado que el etanol aumenta la concentración de colesterol en las lipoproteínas de alta densidad (HDL), las cuales son un factor de la arteriosclerosis. Por otro lado, reduce la agregación de plaquetas, cosa que retarda la coagulación sanguínea y, en definitiva, la formación de trombos que podrían colapsar las arterias. Además, el vino contiene antioxidantes naturales de acción múltiple tales como la vitamina E, tocoferol, vitamina C, vitamina P o quercetina. Esta última es representante de un numeroso grupo de sustancias denominado flavonoides. En definitiva, la presencia de estas junto con resveratrol y antioxidantes retardan la oxidación de las LDL y protegen las células de los efectos citotóxicos de las LDL oxidadas.

A todo esto hay que añadir la dieta rica en fibra propia de la región mediterránea, que da lugar a niveles de colesterol menores.

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